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miércoles, 26 de octubre de 2011

ESCUCHA ESTE TEMA ( Caperucita en estos tiempos)

SIGNIFICADO DE LA FRASE meterse en la boca del lobo

Esto de meterse en la boca del lobo. No sé de donde viene el refrán pero, si es cierto que Caperucita no tiene reparo en ir a meterse en el bosque, donde hay oscuridad en pleno día, entonces el bosque debía estar precisamente allí, en la boca del lobo. Y el lobo de esta pequeña interpretación no era otra cosa que la noche. Caperucita iba a seguir el camino peligroso.
Aquí el relato debía ser claro. Y Caperucita debía tener otra opción. Debían ser al menos dos los caminos para que Caperucita tuviese la opción de “elegir”.
Estos dos caminos están presentes en muchas versiones. Solo que en muchas, antes de partir hacia la casa de la abuela, Caperucita es advertida y elige contrariar los consejos de su madre.
Por su parte, el lobo debía dar un motivo a Caperucita para tentarla a tomar el camino más largo. Que vaya contradicción, a nuestro entender, es el camino “fácil”.

Meterse en la boca del lobo: Entrar en un lugar que representa un serio riesgo para nuestra integridad, como si realmente uno hubiera metido la cabeza dentro de la boca del lobo. En inglés, se usa el león para el mismo dicho.

lunes, 17 de octubre de 2011

UNA VERSION DE CAPERUCITA


Caperucita Roja de Roal Dalh

Estando una mañana haciendo el bobo
le entró un hambre espantosa al Señor Lobo,
así que, para echarse algo a la muela,
se fue corriendo a casa de la Abuela.
"¿Puedo pasar, Señora?", preguntó.
la pobre anciana, al verlo, se asustó
pensando: "¡Este me come de un bocado!"
Y, claro, no se había equivocado:
se convirtió la Abuela en alimento
en menos tiempo del que aquí te cuento.
Lo malo es que era flaca y tan huesuda
que al Lobo no le fue de gran ayuda:
"Sigo teniendo un hambre aterradora...
¡Tendré que merendarme otra señora!"
Y, al no encontrar ninguna en la nevera,
gruñó con impaciencia aquella fiera:
"¡Esperaré sentado hasta que vuelva
Caperucita Roja de la Selva!"
que aquí llamaba al Bosque la alimaña
creyéndose en Brasil y no en España.
Y porque no se viera su fiereza.
se disfrazó de abuela con presteza,
se dio laca en las uñas y en el pelo,
se puso la gran falda gris de vuelo,
zapatos, sombrerito, una chaqueta
y se sentó en espera de la nieta.
Llegó por fin Caperu a mediodía
y dijo: "¿Cómo estás, abuela mía?
Por cierto, ¡me impresionan tus orejas!".
"Para mejor oírte, que las viejas
somos un poco sordas". "¡Abuelita,
qué ojos tan grandes tienes!. "Claro, hijita,
son las lentillas nuevas que me ha puesto
para que pueda verte Don Ernesto
el oculista", dijo el animal
mirándola con gesto angelical
mientras se le ocurría que la chica
iba a saberle mil veces más rica
que el rancho precedente. De repente,
Caperucita dijo: ¡Qué imponente
abrigo de piel llevas este invierno!".
el Lobo, estupefacto, dijo: "¡Un cuerno!
O no sabes el cuento o tú me mientes:
¡Ahora te toca hablarme de mis dientes!
¿Me estás tomando el pelo...? Oye, mocosa,
te comeré ahora mismo y a otra cosa".
Pero ella se sentó en un canapé
y se sacó un revolver del corsé,
con calma apuntó bien a la cabeza
y -¡pam!- allí cayó la buena pieza.
Al poco tiempo vi a Caperucita
cruzando por el Bosque... ¡Pobrecita!
¿Sabéis lo que llevaba la infeliz?
Pues nada menos que un sobrepelliz
que a mí me pareció de piel de un lobo
que estuvo una mañana haciendo el bobo.


Roal Dahl , Cuentos en verso para niños perversos.

sábado, 8 de octubre de 2011

LAS MIL VERSIONES DE CAPERUCITA ROJA Pilar Muñoz Lascano
Desde Perrault hasta lo que llevamos del siglo XXI la historia de Caperucita Roja se ha narrado, repetido, modificado, puesto por escrito, cambiado, ilustrado, transformado y vuelto a contar. Charles Perrault incluyó esta historia de tradición oral en sus Cuentos de Mamá Oca en 1697. Se trataba de una leyenda bastante cruel destinada a advertir a los jóvenes sobre los peligros del bosque, espacio oscuro durante la Edad Media en contraposición a la ciudad o el pueblo. Con este objetivo, el escritor francés agregó al final una moraleja explícita. En 1812 los hermanos Grimm fueron quienes compilaron y pusieron por escrito la versión más leída hoy. Se trata de una historia más inocente ya que le agregaron un final en el que Caperucita y su abuela son salvadas por un cazador –devenido luego leñador o guardabosques-. Infinita es la cantidad de ilustraciones de diferentes estilos que han acompañado, y muchas veces enriquecido, la historia maravillosa más popular de todos los tiempos, al menos en el mundo occidental. Sólo algunos ejemplos dignos de ser nombrados: Caperrucita Roja de los hermanos Grimm e ilustraciones de Květa Pacovská, España, Kókinos, 2008. Las ilustraciones son verdaderas obras de arte. Caperucita Roja versión de Liliana Cinetto (basada en la de los hermanos Grimm) e ilustraciones de Mariano Díaz Prieto, Buenos Aires, Pictus, 2008. Y también son muchas y variadas las reescrituras del cuento clásico, ya sea desde la parodia, el humor o la transposición de género o espacio. Algunos ejemplos: Una caperucita roja de Marjolaine Leray, Barcelona, Océano Travesía, 2009.
Es un libro compuesto por poco texto -que requiere por parte del lector el conocimiento de la historia- e ilustraciones en negro y rojo y que nos muestra una Caperucita implacable y vengativa. Una historia con bastante humor negro que resulta atractiva para los más grandes (sobre todo los adultos) y tal vez no recomendable para los más chicos. Caperucita Roja, Verde, Amarilla, Azul y Blanca de Bruno Munari y Enrica Agostinelli, Madrid, Anaya, 1998. En este libro cada color construye una versión diferente de la historia: Caperucita Verde es amiga de las ranas y estas la salvan del lobo; Caperucita Amarilla vive en la ciudad y contempla cómo el tránsito urbano puede ser tan peligroso como el bosque; Caperucita Azul es pescadora y lucha contra un pez-lobo y Caperucita Blanca está cubierta por un manto de nieve que la hace invisible ante la mirada del lector –misterio que se resuelve con páginas en blanco-. Es posible contemplar esta versión como un juego en el que se desarma y rearma el cuento clásico apostando a la cooperación constante del lector. “Caperucita Roja y el lobo” de Roald Dahl. Texto incluido en Cuentos en verso para niños perversos, Buenos Aires, Alfaguara, 2008. Ilustraciones de Quentin Blake Se trata de una historia contada en versos rimados en la que Caperucita, más interesada por lo que cree un tapado de piel que por la apariencia de su abuelita, altera una de las preguntas del cuento tradicional. El comentario “¡Qué imponente abrigo de piel llevas este invierno!” provoca enojo en el lobo pero Caperucita se defiende matándolo con un revólver. El irreverente Dahl despliega una vez más su ilimitada transgresión y nos cuenta en el final que desde entonces Caperucita no desfila una caperuza sino una piel de lobo. “Cruel historia de un pobre lobo hambriento” de Gustavo Roldán. Incluido en Sapo en Buenos Aires, Buenos Aires, Colihue, 1989. Es un cuento que aporta al relato tradicional la visión de los animales del monte. Don Sapo, rodeado de los animales del lugar, es el encargado de narrar. Durante el diálogo, los juegos verbales generan equívocos humorísticos, y además se proyecta una burla al uso del “tú” y del “vosotros” que los humanos emplean cuando relatan estos cuentos. Caperucita Roja del Noroeste versión libre del cuento de Charles Perrault e ilustraciones e idea original de Walter Carzon, Buenos Aires, Albatros, 2008. Esta Caperucita es una guagüita que vive en la Quebrada de Humahuaca. El relato se alterna con pictogramas, algunos pueden resultar difíciles para un lector no acostumbrado al vocabulario de la zona pero el libro incluye –de modo un poco escondido- un glosario de pictogramas. También contiene una sección informativa sobre la cultura colla. Ideal para los defensores de lo regional y los pueblos originarios. Caperucita Roja (tal como se lo contaron a Jorge) de Luis María Pescetti e ilustraciones de O´Kif, Buenos Aires, Alfaguara, 1996. Mientras el padre narra la historia construye en su imaginación la iconografía clásica del cuento y al mismo tiempo el hijo que escucha reconstruye el relato en una versión contemporánea, influenciada por el cómic y con un toque de heroísmo paterno. Es un verdadero libro álbum y (casi) impecable. Resulta curioso que O´Kif sólo figure como ilustrador y no como co-autor ya que sin sus ilustraciones no habría historia. Otros ejemplos humorísticos: Lobo rojo, Caperucita Feroz de Elsa Bornemann, Buenos Aires, El Ateneo, 1991. Ilustraciones de Oscar Delgado “Pobre lobo” de Ema Wolf. Incluido en Filotea, Buenos Aires, Alfaguara, 2001. Ilustraciones de Matías Trillo. “Cinthia Scoch y el lobo” de Ricardo Mariño. Cuento incluido en Cinthia Scoch, Bueno Aires, Sudamericana, 1991. “Caperucita Roja II. El regreso” de Esteban Valentino, cuento incluido en el libro del mismo nombre, Buenos Aires, Colihue, 1995. Habla el Lobo de Patricia Suárez. Buenos Aires, Norma, 2004. Ilustraciones de Pez. Más transposiciones de género: “Caperuza cocinera” de Guillermo Saavedra. Poema incluido en Cenicienta no escarmienta, Buenos Aires, Alfaguara, 2003. Ilustraciones de Nancy Fiorini. “Carta a Caperucita Roja” de Elsa Bornemann. Poema incluido en Disparatario, Buenos Aires, Alfaguara, 2000. Ilustraciones de O´kif. Limerick de María Elena Walsh. Incluido en Zoo loco, Buenos Aires, Fariña Editores, 1965; ilustraciones de R. Varsavsky. Varias reediciones, actualmente en Alfaguara con ilustraciones de Perica. Pasaron más de 300 años y Caperucita Roja, narrada o recontada, sigue transmitiéndose y encantando. Caperucita miró a Lobo decepcionada. Ojos grandes, nariz afilada y amplia sonrisa, había dicho él... Maldito chat sin foto. (Chus Díaz)