lunes, 17 de octubre de 2011

UNA VERSION DE CAPERUCITA


Caperucita Roja de Roal Dalh

Estando una mañana haciendo el bobo
le entró un hambre espantosa al Señor Lobo,
así que, para echarse algo a la muela,
se fue corriendo a casa de la Abuela.
"¿Puedo pasar, Señora?", preguntó.
la pobre anciana, al verlo, se asustó
pensando: "¡Este me come de un bocado!"
Y, claro, no se había equivocado:
se convirtió la Abuela en alimento
en menos tiempo del que aquí te cuento.
Lo malo es que era flaca y tan huesuda
que al Lobo no le fue de gran ayuda:
"Sigo teniendo un hambre aterradora...
¡Tendré que merendarme otra señora!"
Y, al no encontrar ninguna en la nevera,
gruñó con impaciencia aquella fiera:
"¡Esperaré sentado hasta que vuelva
Caperucita Roja de la Selva!"
que aquí llamaba al Bosque la alimaña
creyéndose en Brasil y no en España.
Y porque no se viera su fiereza.
se disfrazó de abuela con presteza,
se dio laca en las uñas y en el pelo,
se puso la gran falda gris de vuelo,
zapatos, sombrerito, una chaqueta
y se sentó en espera de la nieta.
Llegó por fin Caperu a mediodía
y dijo: "¿Cómo estás, abuela mía?
Por cierto, ¡me impresionan tus orejas!".
"Para mejor oírte, que las viejas
somos un poco sordas". "¡Abuelita,
qué ojos tan grandes tienes!. "Claro, hijita,
son las lentillas nuevas que me ha puesto
para que pueda verte Don Ernesto
el oculista", dijo el animal
mirándola con gesto angelical
mientras se le ocurría que la chica
iba a saberle mil veces más rica
que el rancho precedente. De repente,
Caperucita dijo: ¡Qué imponente
abrigo de piel llevas este invierno!".
el Lobo, estupefacto, dijo: "¡Un cuerno!
O no sabes el cuento o tú me mientes:
¡Ahora te toca hablarme de mis dientes!
¿Me estás tomando el pelo...? Oye, mocosa,
te comeré ahora mismo y a otra cosa".
Pero ella se sentó en un canapé
y se sacó un revolver del corsé,
con calma apuntó bien a la cabeza
y -¡pam!- allí cayó la buena pieza.
Al poco tiempo vi a Caperucita
cruzando por el Bosque... ¡Pobrecita!
¿Sabéis lo que llevaba la infeliz?
Pues nada menos que un sobrepelliz
que a mí me pareció de piel de un lobo
que estuvo una mañana haciendo el bobo.


Roal Dahl , Cuentos en verso para niños perversos.

sábado, 8 de octubre de 2011

LAS MIL VERSIONES DE CAPERUCITA ROJA Pilar Muñoz Lascano
Desde Perrault hasta lo que llevamos del siglo XXI la historia de Caperucita Roja se ha narrado, repetido, modificado, puesto por escrito, cambiado, ilustrado, transformado y vuelto a contar. Charles Perrault incluyó esta historia de tradición oral en sus Cuentos de Mamá Oca en 1697. Se trataba de una leyenda bastante cruel destinada a advertir a los jóvenes sobre los peligros del bosque, espacio oscuro durante la Edad Media en contraposición a la ciudad o el pueblo. Con este objetivo, el escritor francés agregó al final una moraleja explícita. En 1812 los hermanos Grimm fueron quienes compilaron y pusieron por escrito la versión más leída hoy. Se trata de una historia más inocente ya que le agregaron un final en el que Caperucita y su abuela son salvadas por un cazador –devenido luego leñador o guardabosques-. Infinita es la cantidad de ilustraciones de diferentes estilos que han acompañado, y muchas veces enriquecido, la historia maravillosa más popular de todos los tiempos, al menos en el mundo occidental. Sólo algunos ejemplos dignos de ser nombrados: Caperrucita Roja de los hermanos Grimm e ilustraciones de Květa Pacovská, España, Kókinos, 2008. Las ilustraciones son verdaderas obras de arte. Caperucita Roja versión de Liliana Cinetto (basada en la de los hermanos Grimm) e ilustraciones de Mariano Díaz Prieto, Buenos Aires, Pictus, 2008. Y también son muchas y variadas las reescrituras del cuento clásico, ya sea desde la parodia, el humor o la transposición de género o espacio. Algunos ejemplos: Una caperucita roja de Marjolaine Leray, Barcelona, Océano Travesía, 2009.
Es un libro compuesto por poco texto -que requiere por parte del lector el conocimiento de la historia- e ilustraciones en negro y rojo y que nos muestra una Caperucita implacable y vengativa. Una historia con bastante humor negro que resulta atractiva para los más grandes (sobre todo los adultos) y tal vez no recomendable para los más chicos. Caperucita Roja, Verde, Amarilla, Azul y Blanca de Bruno Munari y Enrica Agostinelli, Madrid, Anaya, 1998. En este libro cada color construye una versión diferente de la historia: Caperucita Verde es amiga de las ranas y estas la salvan del lobo; Caperucita Amarilla vive en la ciudad y contempla cómo el tránsito urbano puede ser tan peligroso como el bosque; Caperucita Azul es pescadora y lucha contra un pez-lobo y Caperucita Blanca está cubierta por un manto de nieve que la hace invisible ante la mirada del lector –misterio que se resuelve con páginas en blanco-. Es posible contemplar esta versión como un juego en el que se desarma y rearma el cuento clásico apostando a la cooperación constante del lector. “Caperucita Roja y el lobo” de Roald Dahl. Texto incluido en Cuentos en verso para niños perversos, Buenos Aires, Alfaguara, 2008. Ilustraciones de Quentin Blake Se trata de una historia contada en versos rimados en la que Caperucita, más interesada por lo que cree un tapado de piel que por la apariencia de su abuelita, altera una de las preguntas del cuento tradicional. El comentario “¡Qué imponente abrigo de piel llevas este invierno!” provoca enojo en el lobo pero Caperucita se defiende matándolo con un revólver. El irreverente Dahl despliega una vez más su ilimitada transgresión y nos cuenta en el final que desde entonces Caperucita no desfila una caperuza sino una piel de lobo. “Cruel historia de un pobre lobo hambriento” de Gustavo Roldán. Incluido en Sapo en Buenos Aires, Buenos Aires, Colihue, 1989. Es un cuento que aporta al relato tradicional la visión de los animales del monte. Don Sapo, rodeado de los animales del lugar, es el encargado de narrar. Durante el diálogo, los juegos verbales generan equívocos humorísticos, y además se proyecta una burla al uso del “tú” y del “vosotros” que los humanos emplean cuando relatan estos cuentos. Caperucita Roja del Noroeste versión libre del cuento de Charles Perrault e ilustraciones e idea original de Walter Carzon, Buenos Aires, Albatros, 2008. Esta Caperucita es una guagüita que vive en la Quebrada de Humahuaca. El relato se alterna con pictogramas, algunos pueden resultar difíciles para un lector no acostumbrado al vocabulario de la zona pero el libro incluye –de modo un poco escondido- un glosario de pictogramas. También contiene una sección informativa sobre la cultura colla. Ideal para los defensores de lo regional y los pueblos originarios. Caperucita Roja (tal como se lo contaron a Jorge) de Luis María Pescetti e ilustraciones de O´Kif, Buenos Aires, Alfaguara, 1996. Mientras el padre narra la historia construye en su imaginación la iconografía clásica del cuento y al mismo tiempo el hijo que escucha reconstruye el relato en una versión contemporánea, influenciada por el cómic y con un toque de heroísmo paterno. Es un verdadero libro álbum y (casi) impecable. Resulta curioso que O´Kif sólo figure como ilustrador y no como co-autor ya que sin sus ilustraciones no habría historia. Otros ejemplos humorísticos: Lobo rojo, Caperucita Feroz de Elsa Bornemann, Buenos Aires, El Ateneo, 1991. Ilustraciones de Oscar Delgado “Pobre lobo” de Ema Wolf. Incluido en Filotea, Buenos Aires, Alfaguara, 2001. Ilustraciones de Matías Trillo. “Cinthia Scoch y el lobo” de Ricardo Mariño. Cuento incluido en Cinthia Scoch, Bueno Aires, Sudamericana, 1991. “Caperucita Roja II. El regreso” de Esteban Valentino, cuento incluido en el libro del mismo nombre, Buenos Aires, Colihue, 1995. Habla el Lobo de Patricia Suárez. Buenos Aires, Norma, 2004. Ilustraciones de Pez. Más transposiciones de género: “Caperuza cocinera” de Guillermo Saavedra. Poema incluido en Cenicienta no escarmienta, Buenos Aires, Alfaguara, 2003. Ilustraciones de Nancy Fiorini. “Carta a Caperucita Roja” de Elsa Bornemann. Poema incluido en Disparatario, Buenos Aires, Alfaguara, 2000. Ilustraciones de O´kif. Limerick de María Elena Walsh. Incluido en Zoo loco, Buenos Aires, Fariña Editores, 1965; ilustraciones de R. Varsavsky. Varias reediciones, actualmente en Alfaguara con ilustraciones de Perica. Pasaron más de 300 años y Caperucita Roja, narrada o recontada, sigue transmitiéndose y encantando. Caperucita miró a Lobo decepcionada. Ojos grandes, nariz afilada y amplia sonrisa, había dicho él... Maldito chat sin foto. (Chus Díaz)

CAPERUCITA EN 140 CARACTERES

La gula: En el bosque se está mejor, piensa la niña. Saca el pan, la mermelada, el mate y ¡que la abuela se joda! (Gabriela Baby) En la soledad del geriátrico, la abuelita lamenta no haber sido comida por el Lobo. (Adriana Sofía Baldessari) Por las noches, en la taberna, el Leñador trata de olvidar con el alcohol su complicidad con el Lobo. (Adriana Sofía Baldessari) Su abuela era un lobo. Su abuela era un lobo que se había comido a la abuela. (Salvador Biedma) Diván: -¿Podrá curarme, doctor? Yo sólo quería comerla. ¡Y empezó a criticarme la nariz, las orejas, la boca! ¿Qué soy, doctor? ¿Un monstruo? (Rubén Faustino Cabrera) Epitafio de la abuela de Caperucita Roja: "No me esperen para comer". (Alberto Chara) Clasificado: Permuto caperuza roja por protector auditivo y diafragma. Los aullidos de los bebés me están volviendo loca. (Ariel Díaz) La puerta abierta. Oscuridad y silencio. Caperucita traga saliva: tiene un mal presentimiento... Aun así, entra en la casa. (Chus Díaz) Caperucita miró a Lobo decepcionada. Ojos grandes, nariz afilada y amplia sonrisa, había dicho él... Maldito chat sin foto. (Chus Díaz) Llegó sólo 10 minutos tarde, pero Caperucita ya se había ido. El plan de Lobo había fracasado. Aquel día se quedó en ayunas. (Chus Díaz) "Es él", dijo Caperucita señalando al tercer sospechoso. Lobo palideció. Ogro, Bruja y Duende respiraron aliviados. (Chus Díaz) Harta de su doble vida, Caperucita le dio un ultimátum: "No aguanto más esta situación, lobo. Con los tres cerditos o conmigo". (Elisa De Armas) - Ay, lobo, ya no me devorás como antes. - Son demasiados años repitiendo el mismo cuento, Caperucita. (Elisa De Armas) Una mina, fanática del rojo (no de Independiente eh, sino del color) mató a su abuela y mandó una coartada ¡digna de escritor! (Verónica Enterrio) "¡Es una clara muestra de la inseguridad de los bosques!", grita una vecina de Caperucita frente a las cámaras de televisión. (Analía Fernández) Cuando dio el primer corte, el leñador comprendió que el plan urdido por Caperucita para acabar con el terror en el bosque había funcionado. (Sergio Frugoni) Altruismo: Hambriento, sí, pero ante todo humanitario, el lobo se conformó con la cesta de Caperucita. (Guillermo García) Especulador: El leñador dejó escapar al lobo. Luego se casó con la madre de Caperucita, única heredera de la opulenta abuelita. (Guillermo García) Timidez: Sin decidirse, el lobo miraba a Caperucita, dolorido e inmóvil, alejarse por el bosque para siempre. (Guillermo García) Cuando el Lobo me dijo "No sabés a la minita que me estoy comiendo", nunca pensé que sería tan textual. (Amigo del Lobo) (Walter Gomel) Bigote, camisa inflada de pectorales, gesto rancio de asco en la cara y escopeta en mano. De un tiro, termina al fin el zoofílico romance. (Gonzalo M)

EL GUACHO MARTÍN FIERRO

El Martín Fierro, remixado El poema, “traducido” a la clave marginal de hoy: el gaucho matrero es un pibe chorro. Por GABRIELA CABEZÓN CÁMARA
¿Quién sería Martín Fierro si Martín Fierro se escribiera hoy? ¿Dónde viviría y a qué se dedicaría? Todas estas preguntas tienen una respuesta escrita: llegó el Fierro remixado. Y demostró que sí, es un clásico, porque tiene eso que tienen los clásicos. Una vigencia asombrosa. Si el primero se ponía a cantar al compás de la vigüela, este, el de hoy, prefiere la “kumbia” villera. Al primero lo vuelven matrero la pobreza y una institución del Estado, el ejército y su leva. Al segundo, lo tornan chorro malo la misma pobreza y una institución distinta, la cárcel. Si uno padece a los oficiales y el trabajo gratis, el otro padece a los “pitufos” –presos “antipresos” que, según muchas versiones, en las cárceles roban, violan y matan bajo protección de miembros el Servicio Penitenciario– y “trabaja” gratis para los oficiales carcelarios. Los dos pierden mujer, hijos y casa. Los dos cometen dos crímenes sin sentido. Contemos uno, el primer asesinato. En el original, El Gaucho Martín Fierro , el que escribió José Hernández y se publicó en 1872, el gaucho mata porque está borracho. Le hace un chiste pasado de tono a una negra –le dice “vaca” y quiere seducirla–. El negro que la acompaña se enoja. Y Fierro lo mata. En la reescritura, El guacho Martín Fierro , de Oscar Fariña, publicado hace poco más de dos meses, el guacho mata por el mismo chiste. En vez de a un negro, a un boliviano. Los dos hacen el mismo comentario racista: uno dice “los negros”, el otro “los bolis”, y afirman que Dios (“D10s” en la versión contemporánea) los creó “para carbón del infierno” (“tizón” en el original). Si uno se pasa al indio después de robarse unas vacas, el otro se va a Paraguay con unas bolsas de soja ajena. Los dos rompen ese mito tonto, ese que sostiene que quienes son víctimas deben ser necesariamente buenos, como si hubiera alguna relación lógica entre la adversidad y el altruísmo, como si ser bueno fuera más fácil con todo en contra .
“El Martín Fierro es un libro muy bien escrito y muy mal leído. Hernández lo escribió para demostrar que el Ministerio de Guerra hacía del gaucho un desertor y un traidor . Leopoldo Lugones lo propuso como arquetipo. Ahora padecemos las consecuencias.” Seguramente fue una ironía: Borges sabía, como todos, que ni los gauchos malos ni los pibes chorros malos se cuecen al fuego de los clásicos de la literatura. Lamentablemente. Otras opciones se les abrirían. Fariña, claro, tiene lo suyo que aportarle al debate. Dice que el suyo “es un libro escrito a favor del Martín Fierro y en contra de las no lecturas: la idea general que hay sobre Martín Fierro es la del gaucho manso. No lo lee nadie, en el colegio los pibes lo padecen. Y es un texto muy rico, también desde lo ambiguo y atroz que tiene el personaje. Es un perseguido que reproduce la violencia de la que es víctima . Es un cachivache, eso, la imagen del cachivache”. Hernádez, según Fariña, quiso denunciar que “el gaucho estaba marginado por el Estado, a la buena de Dios. Pero a la vez, existía ese factor más intenso de otredad, el indio, que a mí me pareció equivalente al “pitufo”: es la misma idea de invasión que avanza arrasando con todo.” ¿Qué quiso denunciar Fariña? Que “ es super violenta la vida carcelaria en el país ” –los informes de Amnesty International le dan la razón–, “uno diría, bueno, la cárcel es para sacar a los delincuentes de circulación, pero no: se los apropian, porque después terminan trabajando para los policías y los guardiacárceles, el típico ejemplo, que está en el libro, es el de los que salen a robar para los policías”.

martes, 23 de agosto de 2011

UNA SOCIEDAD DE LECTORES

Para que Argentina vuelva a leer


El siguiente es el discurso de apertura "Panorama desde el Chaco: Claroscuros de la Lectura en 2011", que el 17 de agosto dio el escritor Mempo Giardinelli, en Domo del Centenario, en el 16° Foro Internacional por el Fomento del Libro y la Lectura:
Queridas y queridos colegas, autoridades nacionales, provinciales, municipales, amigas y amigos... Se cumplen hoy 16 años desde que empezamos a proponer estrategias para que este país vuelva a ser una sociedad de lectores, capaz de salir de la oscuridad, la mediocridad y el resentimiento. Y la verdad es que la Argentina se está recuperando como país lector, aunque en materia educacional debería leer todavía mucho más y sobre todo textos cada vez mejores.
Porque no hay otro camino que la buena literatura para formar lectores competentes. Y eso significa que no hay mejores libros que los clásicos. Lo que a su vez significa, o debería significar, que no hay mejores orientadores de la buena lectura que los maestros y los bibliotecarios.
Ahora bien, ¿no es maravilloso, casi un sueño, advertir que nuestro país hoy puede pensar y analizar estas cosas? Porque hace treinta años éramos una carnicería, y hace veinte éramos una confusión, y hace diez estuvimos al borde de la disolución nacional...
Pero ahora podemos pensar. ¿No es fantástico? Ahora la educación ya no es la escuela donde los chicos van a tomar la leche o comer un pedazo de pan, sino un lugar en el que se puede discutir la calidad educativa que les damos. Y ahora la lectura ya no es aquel desaparecido al que debimos recolocar en la agenda de este país; hoy es un problema que vamos resolviendo.
Más de tres lustros después de aquel primer Foro que organizó nuestra entonces incipiente Fundación, con el auspicio de la Universidad Nacional del Nordeste, la lectura ya está instalada en la conciencia, el imaginario y la vida cotidiana de este país, y es en todo el territorio, en las 24 entidades federadas una tarea en marcha, una pedagogía en la forja. Enhorabuena.
Pero si hoy la sociedad argentina es más consciente del potencial revolucionario de la lectura, eso, siendo mucho, y muchísimo, es poco frente al titánico desafío que es recuperarnos como nación lectora. Porque los daños de la censura, el miedo y las políticas monopólicas están todavía a la vista y jamás debemos olvidarlos.
Nuestro modesto aporte, por lo menos desde 1998, consiste en crear voluntariados para trabajar en programas concretos con el objetivo de dar de leer. Con nuestros Programa de Abuelas Cuentacuentos, de Pediatras Voluntarios, de Amigos Lectores y otras acciones solidarias, comenzamos a llevar autores a las escuelas, donde previamente estimulábamos a maestros y alumnos para que leyeran textos de quienes luego los iban a visitar. Así crecimos como institución, y así creció este Foro, que no es otra cosa que un espacio para debatir, imaginar, crear conciencia sobre el valor de la lectura y sobre todo desarrollar estrategias lectoras que desburren no sólo a los chicos, sino y muy especialmente a los grandes.
Hoy es obvio que los argentinos leen más que la generación anterior. La estrategia nacional de promoción que ha venido ejecutando el Plan Nacional de Lectura (PNL) arroja frutos positivos y estamos muy cerca de poder afirmar que la Argentina tiene una política de estado de lectura, que es el objetivo superior por el que siempre trabajó nuestra Fundación. Enhorabuena también por eso.
Pero hay cosas que faltan y debemos señalarlas. Hace exactamente un año, al inaugurar este Foro, anunciamos nuestra alegría porque se ponía en marcha el Consejo Nacional de Lectura, organismo pensado para coordinar esfuerzos e inversiones para garantizar la mayor calidad de lectura de nuestros hijos y nietos. También se anunció en paralelo la realización de la 2ª Encuesta Nacional de Lectura, que desde hace años es una de las propuestas que con más tenacidad impulsan nuestra Fundación y este Foro. Pero hoy, un año después, infortunadamente debo decir que si ese Consejo se reunió, nosotros no nos enteramos. Y de la encuesta, no tenemos noticias. Y no lo digo por puro afán de crítica, sino porque hay ya mucho camino andado, y bien andado, pero todavía no tenemos mediciones confiables sobre lectura y ése es un problema serio. Hace años que nuestra Fundación propone la realización de una encuesta de Lectura anual, preparada entre todos y con participación de las entidades con trayectoria, para ver cómo evolucionamos.
Todo país necesita saber cuánto leen sus habitantes, porque un país que no lee cercena su futuro. Y personas y pueblos somos lo que hemos leído, pero también somos lo que nunca leímos. Y eso se paga.
Necesitamos, por lo tanto, redefinir y profundizar estrategias y acciones concretas. Porque ya somos un país convencido de la importancia de la lectura. Eso ya lo hicimos. Por lo tanto, no hace falta gastar tanta energía en promocionar lo que ya sabemos y todo el país sabe. ¿Se entiende lo que digo? ¿Me estaré explicando bien? Digo que ya no hace falta tanta "promoción de la lectura". Ahora lo que falta es leer. O sea, ahora viene la parte más difícil de una política de lectura: lograr que la sociedad lea; que todo el país se convierta en una nación de lectores.
Y no se imaginan cómo me gusta abrir este Foro proponiendo que ya no hablemos tanto de lo importante que es leer. Porque ahora hay que leer. Ahora es necesario que todos y todas se pongan a leer, empezando por los maestros y los bibliotecarios. Y los papás y las mamás de los chicos, todos y todas, o sea la ciudadanía, que es la protagonista de la democracia.
A ellos tenemos que convertirlos en lectores. No sólo a los chicos. Es a los grandes a los que hay que cambiar. A los grandes tenemos que orientar hacia la lectura, porque si los grandes leen, leen los chicos. Y si los grandes se embrutecen con la telebasura, los chicos también. Es así de sencillo. Leer también es ver menos televisión, como es aprender a ser espectadores conscientes y críticos. Única manera de preservarse de la imbecilidad y la mentira cotidianas que ofrece la telebasura argentina.
Por supuesto que cuando digo "los grandes" me refiero también a los funcionarios, los dirigentes, los empresarios. El drama de este país está en los adultos; no en los chicos. Son los adultos los que no leen. Incluso es evidente que muchos profesionales, y los dirigentes de todas las disciplinas y actividades, también dejaron de leer. Y se les nota...
Por lo tanto, es el Estado el que debe garantizar el derecho a leer, y no sólo con políticas educativas sino también aplicando recursos como la excelente Ley de Medios Audiovisuales que ahora tenemos.
Es claro que estamos en el buen camino, y podemos enorgullecernos de ello. De haber sido una nación lectora hace más de medio siglo, pasamos al terror, la censura y la persecución. El retroceso cultural argentino fue pavoroso. El paradigma de ascenso social que eran el libro y la lectura fue destruido con maldad y a conciencia, y se lo sustituyó por el paradigma de facilismo, especulación e individualismo que todavía está vigente en algunos sectores. La privatización abierta o encubierta de la educación, y la destrucción de la industria editorial argentina, abrieron las puertas a los negocios a la vez que las cerraban para el conocimiento.
Por eso ahora que la reconstrucción en democracia está en marcha y sus resultados se notan, podemos sentirnos orgullosos. Ya estamos viendo jóvenes maestros que se hicieron lectores con la colección LeerXLeer, de la primera Campaña Nacional de Lectura del Ministerio de Educación, y que fue el verdadero inicio del actual PNL. Y hoy sabemos que las próximas generaciones de maestros y de bibliotecarios estarán mucho mejor formadas, gracias a los nuevos paradigmas de lectura, a los recursos y tecnologías que se están asignando, a la existencia de nuevos acervos en las escuelas y sobre todo a la inclusión del fomento de la lectura en la carrera docente. Sin duda ése es el camino, y vamos bien. Hoy se lee mucho más que hace diez años, y lo sabemos aunque no tengamos todavía las encuestas.
Pero una vez más: si eso es verdad, también lo es que debemos mejorar la calidad de las lecturas. Porque si somos más lectores, entonces leamos mejores textos. Y ayudemos a que los demás -los chicos, ahora sí- lean mucho y de lo bueno. Y para eso yo sigo sin ver mejor estrategia que la lectura en voz alta, estrategia que en nuestra Fundación venimos probando como nadie en este país, y con resultados asombrosos. Ahí están las Abuelas Cuentacuentos para probarlo; ellas son las verdaderas heroínas de esta tarea: inteligentes, cultas, amorosas, van y dan de leer a los que no tienen, y leen bien y leen lo bueno, y nos hacen sentir orgullosos del mejor programa de la Fundación, porque además es gratuito absoluto: nadie paga, nadie cobra, y nuestra función es garantizarles libros, aprendizaje y logística.
De ahí que nos sorprenden algunas resistencias. Porque al menos aquí en el Chaco pero también en otras provincias, a pesar de la firme decisión del Estado de acompañar y promover la propuesta de leer en voz alta diariamente en las escuelas, hay inesperadas reticencias para aplicar esta estrategia. Vemos a diario que es difícil quebrar cierta inercia negativa en muchas escuelas. No en todas, pero sí en muchas. Parece mentira que haya tantos maestros, y sobre todo directivos, que se niegan a incorporar esta práctica tan simple, que ha demostrado ser verdaderamente revolucionaria porque es generadora de las ganas de leer. Nos resulta increible que aún haya docentes que no quieren sostenerla en el tiempo, y por eso aprovecho esta tribuna para invitar nuevamente a todas las directoras y directores de escuelas del Chaco y otras provincias a convertir a la Lectura en Voz Alta en política central de sus establecimientos. ¡No necesitan nada para hacerlo: ni resolución ministerial, ni aprobación de supervisores, ni grandes dotaciones de libros, ni dinero ni tiempo! Sólo se necesitan ganas de leer, hacerlo amorosa y encantadoramente, y durante nada más que 5, 10 o 15 minutos al inicio de cada jornada...
Y ya que estamos, aprovecho también para proponerles, a ustedes que son mayoritariamente maestros y maestras, que piensen que es hora de ir cambiando algunas actitudes y prácticas... Acéptenme, por favor, que señale que es muy común, demasiado habitual y harto complejo, observar cómo maestros y profes jóvenes nos preguntan qué pueden hacer para que los chicos lean, y cuando les respondemos que simplemente se trata de leer cada uno y luego leerles a los chicos, nos responden que "lo que pasa es que no les gusta leer...". Frase injusta y facilista, que hay que desterrar. Cuando un docente culpa a sus alumnos de no leer es porque a él, o a ella, no le gusta leer. Y no le gusta porque no sabe, o no conoce las simples virtudes de la lectura. No se vale escudarse en la culpabilización de los chicos.
Claro que no estoy acusando a los docentes, que también fueron víctimas de esas modas pedagógicas que en la Argentina hicieron del placer literario un trabajo pesado y a las que no debemos dejar de denunciar.
Es necesario y urgente volver a enseñar Literatura desde el placer estético. Que es la vieja idea de Dostoievsky y de Joyce, de Jane Austen y de Borges y Julio Cortázar. Se trata de leer la mejor literatura como manera de descubrir la maravillosa conciencia del descubrimiento, y sintiendo la alegría de la libertad del espíritu en ebullición. Y si no saben cuál es la mejor literatura, pregunten, que hay respuestas excelentes. Este Foro, con la gente que invitamos, es el inicio de una respuesta en sí misma.
Y si esto es así, señoritas maestras y queridos profes, si desterramos la idea de que la buena literatura es "difícil" o "pesada", contrario sensu es imprescindible terminar con las ejercitaciones obligatorias y trabajosas, que, más allá de las buenas intenciones que las alientan, en muchos casos sólo entorpecen el simple y grandioso placer de leer y la libertad de decir.
Sueño con un sistema educativo en el que la Literatura vuelva a ocupar el primer lugar entre las Humanidades. Un sistema en el que se lea Don Quijote como exhortación a la libertad y no para que a los catorce o quince años los muchachos y las chicas se vean forzados a hacer resúmenes inútiles, o clasificaciones temáticas, conductuales, geográficas o históricas, y ni siquiera lingüísticas. Aspiro a un sistema en el que los jóvenes lean los libros fundamentales de toda cultura, como son los clásicos, para simplemente descubrir el goce que producen las andanzas, para apreciar el fulgor de la ironía y las paradojas del ridículo, para incorporar escalas de valores, para comprender lentamente el valor de la lectura en la vida de cada uno/una. Y subrayo la lentitud de la lectura porque la lectura es sabor y es alimento. Y porque el saber y el conocimiento son lentos, y porque toda prisa es idiota y es bueno que los maestros lo sepan y lo enseñen. El aprendizaje es y debe ser lento, pausado, sereno, porque sólo así es profundo, y porque lo lento encierra siempre pensamiento y perspectiva de calidad.
Y claro, sueño también -y que me disculpen los editores- con un sistema escolar que no sea permeable a las sugerencias interesadas de las editoriales, y en particular las grandes multinacionales. Si ellas van a seguir siendo las que determinen los contenidos de la enseñanza en la Argentina, vamos a seguir en problemas. La diversidad y la calidad de la lectura debe determinarlas el Estado a través de la orientación ministerial, respetando la libertad de elección de cada profe y cada maestro en cada aula y con cada grupo humano.
Otro tanto quisiera decir del trabajo de los bibliotecarios. Que son mis hermanos, porque yo me crié en bibliotecas y las bibliotecas fueron y son mi vida, como la biblioteca es el alma de nuestra Fundación. La verdad es que se trabaja mucho por la lectura en las bibliotecas argentinas, sean las populares, las públicas y las escolares, todas las cuales se están actualizando después de años de abandono y obsolescencias. Pero también persisten, yo diría, algunas taras profesionales que vienen de los tiempos del oscurantismo y el miedo. Y hay que señalarlas para que en democracia las cambiemos. Por ejemplo, y sencillito: creo que por más problemas económicos que tengan, las bibliotecas escolares no deberían cobrar y mucho menos dejar de prestar libros a los chicos porque no pagaron la cuota de la cooperadora... Esto es absurdo y hay que terminarlo. No hay que pagar por leer. Ni siquiera las bibliotecas escolares que fijan cuotas voluntarias, porque eso también está mal y encima termina siendo excusa para que los libros no circulen.
¿Y no les parece además que ya es hora de que las bibliotecarias dejen de atender quioscos de golosinas dentro de las bibliotecas? Ésta es una costumbre nefasta que hace que en el recreo los chicos vayan a la biblioteca a comprar alfajores y no a elegir qué leer. Es urgente terminar con los quioscos en las bibliotecas, para que en el momento del recreo los chicos vayan a buscar a un adulto que les recomiende libros y no que les venda dulces. Eso pudo tener algún sentido en los 90 cuando el Estado no enviaba libros ni se recibían dotaciones de la Conabip, ni había una ley de bibliotecas como en esta provincia para sostenerlas.
Y si me permiten algunas ideas más: ¿no sería bueno que en las salas de profesores haya libros, o que de la biblioteca se traigan materiales para posibles lecturas, o que haya una pequeña dotación de textos disponibles y con seguro recambio cada siete días? ¿Y que cada semana un profe ofrezca una breve charla sobre un tema de su especialidad? ¿No sería bueno que entre colegas se converse acerca de lo que van a compartir con los alumnos al día siguiente, para recibir sugerencias, e incluso compartir alguna lectura entre pares en un recreo? ¿Y de paso eludir las vacías conversaciones sobre algún programa de la tele? ¿No sería precioso y útil que las bibliotecarias sean el motor de estas prácticas, preguntando a los docentes si ya tienen lo que van a leer mañana a sus alumnos?
Habría más propuestas, y desde luego no ignoro que persisten las dificultades para acordar una política nacional que respetando las diferencias regionales adopte líneas de acción comunes. Hoy a la Nación le es muy difícil acordar sus políticas con todas las Provincias, y no sólo las referidas a la lectura. Son rémoras del desastre educativo de las décadas anteriores.
Por eso mismo quiero terminar diciendo cuánto nos fastidia cuando se oye criticar a la educación en la Argentina como si los problemas fueran de hoy. No es así, y esto no es ser oficialista como piensan algunos tontos. Es innegable que hoy luchamos contra los desatinos de ayer, contra la herencia perversa de la dictadura y el oscurantismo, y corrigiendo los pésimos resultados del falso federalismo de los 90, que desquició a la educación argentina. Y todo eso además de la perversa decisión de castigar salarialmente a los maestros y debilitar a la escuela pública, que fue la política oficial hasta hace ocho años. ¿O nos vamos a olvidar de los salarios miserables, el maltrato al conocimiento, el abandono de la educación pública para estimular empresas y negocios privados supuestamente educativos, y de las carpas docentes?
Yo no digo que hoy la educación "está bien" en la Argentina. Pero sí digo que ha mejorado muchísimo y que vamos por el buen camino. Y eso hay que reconocerlo, aunque muchos políticos mezquinos e ignorantes no lo hagan. Estamos en rumbo propicio y acertado. Valga como ejemplo que hoy, discutir la calidad educativa es tanto o más importante que discutir salarios. Esto significa que hoy podemos ocuparnos de la calidad de la educación. Podemos planificar el devenir de la educación y la lectura.
Y decirlo no implica obsecuencia alguna, ni tampoco conformidad. Porque como lo saben ustedes, y lo sabemos nosotros, las cosas para los docentes nunca van a estar bien. Nunca ustedes van a estar conformes, y nosotros tampoco, y ésa es una actitud intelectual sana y estimulante que yo espero tengamos por generaciones.
Y ahora sí: declaro inaugurado este 16º Foro. Muchísimas gracias. ..